Vengo de días muy movidos, tanto física como emocionalmente. He sentido mi ánimo trastocado, como si estuviera sumergida en una nube de pensamientos que no me dejaban en paz.
Admito que cuando no me siento bien, no solo pierdo mi paz… también me cuesta mucho encontrar motivos para volver a mi centro. Me cuesta cultivar el contentamiento y ver con claridad la realidad del momento.
A medida que dejo que la incomodidad me atraviese, me hago más consciente de que mi vida tiene muchos motivos para agradecer. Me doy cuenta de que la gracia de Dios me sostiene, que mi hogar y todo lo que soy están en Sus manos. Es cierto que han sido días duros, con situaciones que desafían, pero también hay muchas otras que están en armonía. La vida no es lineal, es cíclica. Nos invita a rendirnos al flujo natural de las cosas y a sentir. Y nuestra parte es conectar con lo que nos hace bien, lo que nos regresa a nuestro centro.
A mí, mi cotidianidad me ayuda a estar presente, porque la vivo como una práctica espiritual. Estar en conexión con mi hogar me recuerda todo lo que tengo para agradecer: mis hijos, mi familia, mi camino. Me encanta porque, aun en medio del caos, puedo elevar mis oraciones al cielo, reconocer la fidelidad de Dios, y aceptar que no todos los días serán iguales. Algunos serán movidos, otros más tranquilos… pero lo importante es mantenernos fieles a lo que queremos cultivar.
Si te interesa reforzar tu crecimiento espiritual me puedes encontrar en YouTube como ama de casa consciente, en instagram como amadecasaconsciente.
Con amor Kenia.